El eco de mi madre
(Reproducir para una mejor experiencia inversiva)
El primer acercamiento que tuve hacia esta conducta, fueron las veces que veía a mamá llorar desconsoladamente por papá, no entendía por qué el no llegaba a casa varias veces a la semana, por qué siempre discutían, hasta que poco a poco comprendí que era por qué papá tenía a otra mujer, a otra persona con quien dormir, yo tenía 5 años cuando papá decidió serle infiel a mamá y no conforme con eso, tuvo hijos con esa mujer.
Ahora de adulto, me topé con esto hace dos años, dos días antes de celebrar San Valentín con mi pareja en ese entonces, estaba en la oficina trabajando y recibí una llamada peculiar de un amigo que no acostumbraba a llamarme así de imprevisto, contesté, y al escuchar su voz preguntando por él, el aire de la oficina se volvió pesado; yo ya conocía ese tono, lo había escuchado en los silencios de mi madre
Despaché a los clientes con una disculpa que apenas pude pronunciar. Me encerré en el baño de la oficina y el suelo fue lo único que me sostuvo el llanto. Mi intuición no era una sospecha, era una profecía:, me había sido infiel, me había mentido por días, y lo peor, había sido con la misma voz que ahora me confesaba al teléfono.
“Solo fue un beso”, decía la parte de mi que quería perdonarlo con tal de no quedarme solo, pero no, no solo fue un beso, fueron mentiras dichas para no sospechar, fueron horas pasadas sin pensar en cómo me sentiría, miles de segundos para arrepentirse, fue más que solo un beso, y eso a veces no lo entiende la gente que engaña.
En lo personal, si dolió saber que esa persona en quien confié, me enamoré y entregue mucho de mí, había preferido no salir conmigo aquel día, mentirme, e ir a un antro a coquetear y besar a otra persona, pero, me dolió más la pérdida de mi yo enamorado, perder la oportunidad de demostrar cuanto puedo amar.
Con el pecho roto, llamé a mi prima más allegada y a mi mejor amigo en busca de refugio para el dolor por lo sucedido, y agradezco que sí lo encontré, el mismo día lo confronté y lo terminé, jamás lo aceptó, hasta medio año después cuando me buscó para pedirme perdón diciendo que el remordimiento lo estaba matando, decidí concedérselo, más por mí que por él, para no vivir con rencor, y poder seguir adelante.