El demonio de medianoche
(Reproducir para una mejor experiencia inmersiva)
Solo mi amigo Alfonso y yo sabemos cómo fue realmente, no puedo recordar con exactitud qué día, lo único que recuerdo es que; el frío entraba por debajo de la puerta, una horrible tormenta empapaba todo a su paso, y que, mi pareja rompió conmigo por mensaje.
Eran como las 7pm cuando recibí su mensaje, -ya no puedo seguir con lo nuestro, perdón-, fue lo que más resonó en mi cabeza de ese largo mensaje explicando el por qué de su decisión, paralizado pensé <<pero hace unas horas me había dicho que me amaba>>. No le respondí en el momento, dejé respirar a mi corazón y seguí con mi día pero, casi sin notarlo, a lo lejos se olía el azufre acercándose a mi.
El dolor no llegó hasta medianoche, eso esperó a que me quedara solo en la sala, con mi familia en el piso de arriba y ya dormida, fue más fácil que entrara el demonio que había estado esperando desde hace horas el momento mas perjudicial para mi, la soledad.
De un momento a otro, empecé a hiperventilar, mis brazos estaban sumergidos en una especie de agua caliente con espinas, mientras veía como ese horrible demonio doblaba mis manos en dirección contaría a su anatomía, empezaba a perder el equilibrio y mis piernas se sentían sometidas al dolor. Salí al patio, creí que el aire frío y húmedo de la tormenta me ayudaría pero, fue todo lo contrario, apenas salí por la puerta del jardín y puse un pie en el suelo helado, el viento azotó cada parte de mi cuerpo y caí al suelo desorientado. Ahí estaba, en plena tormenta, tirado en un charco de agua fría y con mis extremidades paralizadas.
Aún tirado, traté de calmar el huracán en mi diafragma y dejar de respirar a mil por hora pero, todo intento de mejora era en vano, en cambio, la situación empeoraba, mi respiración corría con una agresividad descomunal, empecé a sentir una punción horrible en el pecho, <<me va a dar un infarto>> pensé,
temí por mi vida, nunca había dejado que ese demonio invadiera de esa manera tan destructiva mi cuerpo, siempre había manejado por mi cuenta los pequeños ataques de ansiedad que me daban, más por pena que por narcisismo, pero en esta ocasión tuve que pedir ayuda, no podía llamar a mi madre o a alguien de mi familia, ellos no sabían que esto me pasaba, no iban a saber que hacer y no quería que me llamaran exagerado, desde niño me lo habían dicho, y pensé que esta no sería la excepción.
A como pude me arrastré unos metros, me enderecé, tomé mi teléfono y llamé a la persona que sabía que me podría ayudar, ya que este demonio que me estaba dominando, también lo visitaba a él, —Ricardo!!! —grité al teléfono— necesito que me ayudes, estoy en pleno ataque de ansiedad y siento que me va a dar un infarto. Como un héroe sin capa, mi amigo hizo que esa cosa horrible que estaba violando mi integridad física desapareciera, con paciencia y un océano de lágrimas, pude superar la crisis, habían pasado solo 2 horas desde que empezó, cada segundo era una horrenda agonía para mi cuerpo y mente.
No sé qué hubiera sido de mí aquel día, pero sé que gracias a esa amistad, pude superarlo y hoy lo agradezco infinitamente.