Amar después de la tormenta


Han pasado cinco largos años sin la necesidad de fingir mi manera de ser, cinco años sin sentir la indiferencia en tu mirada o el vibrar de las paredes por tus regaños.

Sesenta meses de tregua; sin golpes, sin reclamos, sin el castigo constante por haber nacido diferente a los demás niños.

Doscientas cuarenta semanas desde que dejaste de convertir mi vida en un martirio, encerrándome en prejuicios que jamás conocieron la empatía.

Pero, a pesar del desprecio y repugnancia que sembraste, hoy la cuenta es otra: han pasado 1,478 días, sin poder darle un abrazo sincero al padre que ya perdoné y que, irremediablemente, siempre amaré.

Ricardo H. Alemán.

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