Ruido en habitaciones cerradas
Me costaba entenderlo y aceptarlo, pero ahora lo sé, cada vez que me encuentro ante su union, algo dentro de mi detona el caos mental. Todos mis pensamientos intrusivos atacan al mismo tiempo, de pronto, una manada de elefantes africanos alborotados pasa por encima de la poca paz y estabilidad mental que logre construir a lo largo del día.
Mis ojos no pueden creer lo que ven, una gran ídolo dadora de vida y maestra de mis valores, de la mano de un don nadie quien en su cartera aún no existe identificación de mayoría de edad.
De un momento a otro, la idea de “todo mejorará”, se esfuma como el humo de un cigarro en la inmensidad del viento. Mis ganas de seguir respirando aire problemático y violento que corre por toda la casa, desaparecen junto a él.
Después, cuando la manada de elefantes imaginarios pisoteó y no dejó rastro de la felicidad que existía apenas hace unos minutos, llego a una conclusión. Mientras mis pulmones sigan inhalando aquel aire tóxico, estaré condenado a repetir exactamente lo mismo día tras día, como si de un circulo del infierno se tratase. Hasta que en algún punto quiera tirar todo al vacío, dejarme caer “accidentalmente” a la oscuridad eterna. Ir por las pastillas que siempre veo en el gabinete de la cocina, encerrarme en el baño, y al fin, encontrar ese silencio y paz que tanto anhelaba.
10/Feb/2025